Vale, es obvio. El sistema operativo que es la base de millones de dispositivos en nuestro planeta y que lleva años y años existiendo y siendo desarrollado de tal manera que una empresa como Valve es capaz de sacar una consola basada en él funciona. Oh, sorpresa. ¡Pues claro que funciona! Pero está siendo mi primera incursión hacia esta parte del mundo de la informática, así que permitidme fliparlo un poco.

La cosa va así: Windows es cada vez peor. No lo digo yo, lo dice todo el mundo. A nadie le gusta Windows 11 y el soporte para Windows 10 ya ha terminado de forma oficial. Eso deja a usuarios como yo en un punto de no saber muy bien qué hacer. Al final me animé a comprar reacondicionado un Lenovo Thinkpad X390, instalarle Linux Mint y empezar a usarlo. Estas líneas, como podéis imaginar, están escritas desde esa máquina.

¿Por qué un Thinkpad? La verdad es que llegué a ello un poco de casualidad. De primeras tan solo busqué un poco sobre Linux y cómo instalarlo. Así llegué a Linux Mint como opción sencilla para quienes venimos del sistema de Microsoft. Lo probé en un live USB (es decir, el sistema corriendo en un pincho pero sin instalarlo) en mi ordenador principal y todo fue en orden. Pude hasta hacer una videollamada tranquilamente instalando Telegram de forma temporal.

El siguiente paso fue rescatar mi viejo Acer Chromebook de 11 pulgadas e instalarlo por completo. Ahí empezó la diversión. Tras varias búsquedas descubrí que tenía que deshabilitar una serie de configuraciones y que eso significaba abrir la cacharra y desenroscar un tornillo. ¡Funcionó! Así pude instalar Linux Mint y– no, no pude. Los Chromebook, por si no lo sabéis, son ordenadores con muy poca capacidad, especialmente uno de 2014. Así que sus 16 GB de memoria interna no eran suficientes. Tras probar GalliumOS y descubrir que no iba el sonido, me acabé decantando por Lubuntu. En caso de emergencia, el Chromebook ya funciona con ello mejor de lo que ha funcionado en muchos años.

Es aquí que volvemos a los Thinkpad. En la comunidad de Linux son ordenadores muy queridos, especialmente el modelo T480. Destaca por su modularidad y reparabilidad, lo cual conecta muy bien con el espíritu de código abierto. La cosa es que para mí, mis habilidades actuales y el capricho que es… pues el T480 no me terminaba de encajar. Requeriría que comprara piezas aparte y eso elevaría mucho el precio, teniendo en cuenta cómo está el mercado de los chips ahora mismo. Así que tras investigar un poco, comparar precios y bucear Wallapop, me acabé decantando por el X390 con pantalla táctil y 16 GB de RAM.

El primer modelo que pillé tenía un fallo en su puerto de carga principal, así que me tocó devolverlo y esperar a que me mandaran otro en condiciones. No hubo sorpresas con el segundo dispositivo (más allá de unas teclas de ratón algo duras a veces), sobre todo teniendo en cuenta que es reacondicionado. Tras las comprobaciones de turno, instalé Linux Mint y he estado cacharreando un poco durante estos días. ¡Es divertido! ¡Me gusta cacharrear! Y lo raro es que haya tardado tanto en probar Linux.

El principal punto a favor es que con Linux tienes más control y respiras mejor. No te atosiga con mil mierdas que no quieres y esta distribución en particular viene con lo justo instalado para funcionar sin instalar nada extra, pero sin que nada sobre. Está muy preparado para cualquier usuario básico y eso lo convierte en un punto de entrada perfecto. Guías de inicio, ajustes claros, personalización… Tiene hasta una «tienda de aplicaciones» en la que descargar directamente muchas cosas si te da miedo la terminal.

La verdad es que la mayoría de lo que hago con un ordenador lo hago en el navegador, así que Brave Browser fue lo primero que instalé. Lo sincronicé con el que tengo en Windows y ya estaba como quería salvo un par de ajustes. Lo siguiente esencial fue KeePassXC y Dropbox para sincronizar mis contraseñas en todos mis dispositivos. Aquí ya empezaron las curvas debido al límite de dispositivos de Dropbox, pero pude flanquearlo con Maetsral, una app que me permite sincronizar las carpetas que quiero. Lo siguiente fue conectar KeePassXC y Brave, otra curva.

Veréis, hay varias maneras de instalar programas en Linux. Sin entrar en detalles, tanto para navegador como para gestor de contraseñas usé un sistema que los instaló un poco de forma aislada. Así que, no, no iban a conectarse. Ahí es cuando toca encontrar comandos de terminal y ejecutarlos. En cosa de 10 minutos ya los tenía en marcha, lo cual significa que poco más tengo que hacer para funcionar. Lo esencial ya está.

La tercera curva fue la papelera. Por lo que sea el sistema no la detectaba, algo de lo que me di cuenta al intentar borrar archivos. Otra línea de comando, una depuración, un par de actualizaciones y listo, papelera funcionando. La cuarta curva fue el firewall, que es un programa sencillo que viene de serie y que prefiero tener activo. Tuve que aprender rápido como permitirle el paso por ciertos puertos para que apps como LocalSend funcionen sin tener que desactivarlo. No requirió terminal, bastó una búsqueda para encontrar el puerto que activar y, si no usáis LocalSend, que sepáis que es la mejor manera de compartir archivos entre móvil y ordenador al estilo AirDrop. Programa muy chulo para cualquier sistema operativo, lo recomiendo.

¿Qué me falta con Linux, entonces? Usarlo más. Aunque el propósito principal de este Thinkpad será escribir, el experimento Linux depende de que sea capaz de usarlo de forma habitual y salir de cualquier entuerto. Eso es tan solo una cuestión de tiempo, y será su paso el que defina lo bien o mal que salga todo.

Preveo dificultades, por supuesto. De hecho, al escribir el párrafo anterior, el Thinkpad ha tenido su primer congelamiento. Se ha resuelto solo tras algo más de un minuto, a cambio de un tirón de batería. Curiosamente ha sido mientras quería escribir la frase «la leyenda negra de Linux estos años me parece ya superada». Gracioso es.

¿Podría pasarme por completo a Linux también en mi ordenador principal de sobremesa? Vista la situación en Windows que indicaba al inicio, seguramente deba ser el objetivo. Por el camino perderé programas como Voicemeeter, aunque una búsqueda rápida ya me indica alternativas. Lo de que GIMP puede sustituir a Photoshop es algo que muchos años de experiencia me han demostrado que no es cierto, pero eso no significa que no me vaya a valer para la mayoría de cosas que hago. Quiero decir, sobre todo uso Photoshop para recortar imágenes, no es algo muy pro. Que no haya app nativa de WhatsApp igual es una ventaja, porque la de Windows es una mierda. Puedo depender del navegador, como con tantas otras cosas. La verdad es que no parece tan difícil.

Estaba echando un ojo a mi lista de programas y veo que Windows me había instalado Copilot por su propia cuenta. Pocas cosas puedo decir para señalar mejor el problema que esto. Quiero elección, control y libertad real en mi informática. Así que va tocando abrazar este nuevo mundo. Porque, si no ha quedado claro, Linux funciona. De hecho, funciona muy bien.


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